| |
El concepto de democracia
Pablo Khalil
La democracia se identifica a través de tres modelos: la directa o participativa, la representativa o liberal y la unipartidista.
En el Uruguay históricamente se ha aplicado la liberal y representativa, como la forma más clásica y continuista de democracia.
Ante todo preconcepto de si es buena o no la democracia liberal, quiero dejar claro que la misma es el pilar de nuestro sistema actual y que supo ser defendida por cientos de compañeros que dieron su vida por ella en los momentos históricos cuando fue amenazada. Pero el análisis histórico de la situación actual del país, nos lleva a preguntarnos si hoy con el Frente Amplio en el gobierno y en el marco de avanzar en el programa es el mejor modelo de democracia.
En los últimos días ante la aproximación del Congreso del Frente Amplio, varios compañeros en diferentes ámbitos o desde artículos periodísticos, han planteado la elección directa de presidente del Frente como si esto fuera la panacea de la participación. Desconocen otros tipos de participación que desde los comités de base, por ejemplo, permiten no sólo la participación activa de los adherentes sino el control efectivo de la actividad de gobierno y el seguimiento del programa.
Con esto no quiero decir que la propuesta se mala o equivocada, porque la discusión no pasa por una acción concreta, sino por la premisa que se desprende de la misma. La argumentación que se utiliza para la elección del Frente enuncia a la elección como la mejor forma de participación. Así leemos en el suplemento Bitácora del diario La Republica:
“¿Cuál es la preocupación principal de los que promovemos la elección directa a padrón abierto? La primera, la principal es comenzar un proceso de iniciativa política y de capacidad de relación con la ciudadanía y con la política que nos ponga en mejores condiciones para las elecciones del 2009”. Se utiliza una encuesta de opinión realizada en un portal de Internet en donde manifiesta que la mayoría de los frenteamplistas que entraron a la página están de acuerdo con la elección directa del presidente y a partir de allí argumenta toda su campaña por la elección directa.
El problema pasa en realidad no por el tema de la elección directa sino por el modelo de democracia y participación que se propone, en que la participación vuelve a pasar sólo por la elección en este caso de un presidente o por hacer caso a las encuestas de opinión publica aunque sean informales y no por ver los problemas de la participación en el sistema.
El modelo de
democracia
El problema sigue siendo el modelo de democracia; son las reglas de democracia que hasta ahora se han aplicado en el Uruguay y para las cuales se ha educado, haciendo que grandes sectores de la población consideren que la participación pasa por votar cada cinco años. Hace semanas, el ex presidente Lacalle reavivaba tal modelo como la mejor forma de participar y de esa mismo modo es tomado por el autor de la nota referida.
Nosotros llegamos al gobierno para cambiar las cosas en profundidad.
Llegamos al gobierno para avanzar en un modelo de democracia participativa no liberal, para avanzar en un modelo democrático que profundice la participación, que la incentive y le dé lugar al pueblo que votó dicho programa en el manejo y el control de los dineros públicos.
Arismendi decía cuando hablaba del concepto de las mayorías parlamentarias que se pueden conseguir con votos, que ello está lejos de ser la vía más probable al socialismo, y si se diera, en condiciones particulares, el tránsito dependerá de la medida en que esas fuerzas sean capaces de ir transformando el contenido de las formas institucionales y desmontando el aparato burocrático-represivo del Estado.
En tal sentido se necesita la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos. No se trata sólo de ir a votarsino proponer, discutir y controlar que las cosas se hagan.
No es casual, dice Lukács, “que el más perfecto, el más explícito ‘idealismo’ abstracto de las formas de gobierno del Estado, sea el instrumento más apropiado para que se afirmen los intereses egoístas- capitalistas sin dificultad bajo el pretexto de intereses generales, ideales.”
Curiosamente, los renovadores de hoy y algunos radicales de otrora proponen un “capitalismo en serio” como inevitable estación de nuestro “vía crucis”.
La democracia que queremos es un proceso en perspectiva, muy alejada de los métodos propios de la democracia liberal de los que algunos compañeros hacen apología.
|
|